Otro trimestre ¿normal?

En la clase de Primaria de 3ºC, al acabar el primer trimestre del curso, que sabíamos no iba a ser  normal,  revisamos e hicimos buenos propósitos para enfrentarnos al trimestre más frío del curso.
Comenzamos el nuevo trimestre y nos preguntamos: ¿será este un trimestre normal?  Al final hemos llegado a la conclusión de que para nosotros todos los trimestres son especiales. Cada uno tiene cosas que lo hacen extraordinario.
Así recordábamos que a pesar de las mascarillas y el hidrogel, en el trimestre pasado hemos tenido momentos inolvidables, las celebraciones de días especiales, las jornadas de lectura apasionantes, la preparación de la Navidad con bailes, canciones y la campaña solidaria. Aunque no hemos podido salir del colegio para visitar ningún museo, hemos realizado viajes apasionantes con nuestra imaginación. Prueba de ello es este escrito colectivo que queremos compartir con todos vosotros. Lo hicimos a lo largo de varios días como actividad de uno de esos momento especiales del trimestre. A lo largo del relato, que quiere ser un poco de aventuras y misterio, nos podréis encontrar a todos.  Esperando que os guste mucho, os deseamos un buen trimestre lleno de aprendizajes nuevos y emociones.
La inolvidable aventura de 3º C
Todo ocurrió un frío día en Valladolid. Comenzó con un niño del colegio de Nuestra Señora de Lourdes. El pequeño paseaba con su perro. El chiquillo se llamaba Carlos, y su perro Chispas. Estaban jugando con la pelota y un palo. Él le lanzaba la pelota y el palo y el animal siempre se los traía de vuelta. Pero ese día, en una ocasión, Chispas no consiguió encontrar el palo. No sabía que estaba escondido en un arbusto cercano de flores blancas y violetas. De pronto, vieron como un conejo llamado Rallas, cogió el palo sacándolo del arbusto y se lo llevó a Chispas pues, aunque sea sorprendente, Rallas era muy amigo de Chispas. Sus dueños eran compañeros. Los animales jugaron y jugaron juntos, tanto que el niño llegó a sentirse muy solo. El conejo Rallas, que se dio cuenta, le invitó a jugar con ellos tirándoles la pelota para ver quién era más rápido cogiéndola.

Alejandra era la dueña del conejo Rallas y era muy amiga de Carlos el dueño de Chispas ya que los dos iban juntos al colegio. Ambos estaban en la clase de 3°C. Últimamente estaban muy emocionados todos los niños de ese grupo porque habían programado una excursión al museo por la noche. Les gustaba mucho el misterio y tenían ganas de descubrir algo que pudiesen investigar.

El día de la excursión nocturna al museo estaban todos los niños y niñas muy alterados. En el museo les pareció escuchar un montón de ruidos sospechosos. Misteriosamente, esa noche, los dos niños y sus mascotas, que iban escondidas dentro de sus mochilas, desaparecieron.

El resto de la clase no se dio cuenta hasta que, al día siguiente, la profesora, que se llamaba Isabel, pasó lista en el aula y faltaban esos dos niños. Los alumnos, sospechando que algo extraño había pasado, decidieron investigar, pero no tenían ninguna pista. Isabel, la profesora, decidió mandar a Helena y Lucía, dos hermanas, alumnas de la clase, a recepción para llamar a las familias. Mientras tanto uno de los niños de la clase de 3°C, con muy buena vista, llamado Mario, gritó: – “por fin hay una pista”-. En el suelo del pasillo que da acceso al aula de 3° C había una goma del pelo, que según decían se le podía haber caído Alejandra. – “Y aquí hay otra goma, mira”- añadió Valentina. -”Se ven huellas por el pasillo ¿de quién serán?”- exclamó Carlota. -”¡Saldremos de dudas, vamos a averiguarlo!”-  añadió con mucha decisión Jorge.

Siguieron encontrando huellas. Las huellas les llevaron hasta el laboratorio. Al entrar en el laboratorio apareció un terrible monstruo verde y blanco. Todos se asustaron muchísimo. De repente, sin saber muy bien cómo, parecía que el monstruo se los había comido a todos. A todos menos a Inés, a Celia y a Mario que estaban en el pasillo, porque aún no habían entrado al laboratorio. Mario corrió hacia un aula de Historia en el que había una espada antigua y cogiéndola le dio un espadazo al monstruo que le dejó tumbado.

Entonces, vieron salir de su escondite a Jorge y a los dos Pablos, Boillos y Bernardo. Justo un poco después apareció Telmo que estaba dentro del laboratorio agachado para que no le viera el monstruo blanco y verde.

Analizando lo ocurrido descubrieron que al monstruo le podía dar miedo el líquido verde que estaba en la mesa de laboratorio. Los dos Pablos, Jorge y Telmo se acercaron a la mesa y sin querer, al coger el recipiente que contenía el líquido verde, se les derramó una gota sobre Chispas, que permanecía sentado junto a ellos, sin que estos se dieran cuenta. Pablo, Jorge, Telmo y el otro Pablo solo se dieron cuenta cuando el perro, al notar la gota caer sobre él, ladró. Se preocuparon un poco porque no sabían si el líquido era venenoso.

Carlos Villanueva también estaba escondido en el laboratorio debajo de una mesa contigua a la que tenía el líquido verde. Así que Carlos, saliendo de su escondite, le lanzó el líquido verde al monstruo que ya empezaba a recuperarse del golpe recibido. Todos salieron corriendo tan deprisa que Celia, que seguía a Inés por el pasillo, tropezó con una lámpara de pie que estaba junto a una de las puertas de salida de ese bloque de aulas. Al ayudar a Celia a levantarse, se dieron cuenta de que en el suelo se encontraba una nota escrita por Carlos, uno de los niños desaparecidos. Decía que estaba en el despacho del Director. Así que al leerlo decidieron bajar todos rápidamente a su encuentro.

En el despacho del Director no encontraron a Carlos si no a Helena que estaba diciéndole a su hermana que iba a haber una fiesta y ella, Lucía, sería la encargada de preparar los adornos. Lucía, al ver a sus compañeros tan alborotados, les preguntó qué pasaba. Cuando contaron todo lo ocurrido, tras aclarar que ellas no habían visto en ningún momento al monstruo pero si habían observado muchas más huellas que se dirigían a recepción, decidieron unirse a la búsqueda. Dado que el monstruo estaba en el laboratorio, Jorge pensó que el secreto del misterio no debía de estar en recepción pero seguían sin tener ninguna pista más. No sabían muy bien qué hacer, así que decidieron ir al comedor, lugar en el que había una persona muy, muy lista. Esa persona era Marcos Adamez, el cocinero. Seguro que él sabía qué podían hacer para resolver el misterio de los compañeros desaparecidos, pensaron los niños.

Marcos, como buen cocinero, les indicó que para poder derrotar al monstruo tenían que hacer la receta de una poción, mezclando varios ingredientes que les indicó, con dos gramos de oro en polvo. Se marcharon agradecidos pensando cómo conseguir todos los ingredientes que les había dicho. A pesar de que al irse oyeron ruidos no sospecharon nada. No imaginaban que el cocinero era el monstruo, que les había dicho esa receta para tenerlos un rato entretenidos y poder seguir con su plan. Era él, el que se había disfrazado con ese traje  verde y blanco de monstruo. Ya se había recuperado del golpe recibido y como el líquido verde no era más que un batido de kiwi y decidió quitarse el disfraz y bajar a la cocina para limpiarlo un poco. Así también evitaría sospechas.

Realmente el monstruo, es decir Marcos el cocinero, no se había comido a los niños que faltaban. Los tenía retenidos  en  un  aula,  que  comunicaba  con  el  laboratorio,  para que no pudieran llegar a la clase contigua que era en dónde se encontraban Alejandra y Carlos aunque sus compañeros no lo sabían. Eso explicaba que Chispas estuviese en el laboratorio tras el incidente del monstruo. Marcos estaba preocupado intentando que tampoco se enterase de lo ocurrido un alumno muy curioso y colaborador que siempre se acercaba a ayudarle en sus tareas de cocina llamado Martín. Si Martín le descubría todo su plan se vendría abajo.

Mientras tanto los niños secuestrados tramaban un plan para escapar. Lola y Aina tenían una gran idea, pensaban que dando patadas a las puertas de esa sala podrían salir, bien derribando la puerta o bien porque alguien les oyese y abriese la puerta. Habría transcurrido una media hora, cuando el grupo de niños, que estaban intentando preparar la pócima, volvieron al laboratorio, un poco temerosos por el monstruo, para poder conseguir todos los ingredientes necesarios que les había indicado el cocinero. Así es como se dieron cuenta de que el monstruo ya no estaba allí, y pudieron oír las patadas de sus compañeros y abrirles la puerta. ¡El plan de Aina y Lola había funcionado!

Reflexionando todos juntos se dieron cuenta de que se habían precipitado. Parecía que el monstruo no era tan peligroso como pensaron inicialmente porque no se los había comido. Decidieron que iban a ir en su busca para enfrentarse a él y averiguar dónde estaban los compañeros desaparecidos.

Solicitaron la ayuda de Isabel, la profesora. Les dijo que necesitaban contar también con la ayuda de Marcos el cocinero así que le pidió a Martín que fuese acompañado por Marcos José a buscarlo. Entraron los dos juntos, sigilosamente, en el comedor y en la cocina. No veían a Marcos el cocinero por ningún lado. De repente, vieron que salía de la cámara frigorífica vestido con el disfraz de monstruo. ¡Era él…! Se le veía claramente pues no se había puesto aún la cabeza. Llevaba una bandeja llena de jarras con batido de kiwi, sándwiches con forma de fantasma y muchas otras cosas deliciosas. Marcos José y Martín se quedaron petrificados y boquiabiertos. No entendían nada. – “Ya…, ya sabía yo que al final me descubrirías“- se lamentó Marcos, el cocinero, al verlos. Así que, no tuvo más remedio que confesarlo todo.

Un día se había encontrado con Isabel, su profesora, al salir del colegio. Mientras hablaban, ella le comentó que quería preparar una fiesta con los alumnos de su clase para acabar el trimestre pues estaban a punto de conseguir 100 estrellas. Él sabía lo interesados que estaban los niños de 3°C por las aventuras y los misterios. Hacía una semana que Martín, mientras le ayudaba a preparar un bizcocho, acercando los ingredientes, le explicó que iban a visitar el museo de Ciencias Naturales de noche, para vivir una aventura de misterio. Se veía por sus palabras que estaban todos muy emocionados. Por esa razón sugirió que podían hacer una fiesta sorpresa de misterio y que él estaba dispuesto a ayudar a prepararla.

En medio de la conversación estaban, cuando se acercó ladrando Chispas, seguido por Rallas y sus respectivos amos. Alejandra preguntó muy excitada -”¿Fiesta, he oído algo de una fiesta? ¡Me apuntó!”.- Y Carlos añadió -”Yo tampoco me la pierdo…”-  -“Esta bien, nos ayudaréis… pero tiene que ser una fiesta sorpresa”- aclararon Marcos e Isabel.

Esto aclara que la desaparición de Alejandra y Carlos, no era tal. Simplemente habían ido un poco más pronto de lo normal al colegio para coger lo necesario. Luego, directos, sin llegar a ver a sus compañeros, fueron a la sala grande, que estaba cerca del laboratorio, para preparar la fiesta junto con el cocinero. Isabel ya lo sabía pero mantenía la sorpresa. Mandó a Lucía y Helena a recepción para que, sin saber del todo la sorpresa de la fiesta, pudiesen colaborar preparando algunas decoraciones, pues era mucho trabajo. Loli, la recepcionista, las tenía que enviar al despacho del Director donde tenían preparados los materiales necesarios, diciéndoles que necesitaba un poco de ayuda para hacer decoraciones para una fiesta.

Tras aclararlo todo, el cocinero les pidió a Martín y Marcos José que volvieran a clase sin decir nada de la fiesta sorpresa a sus compañeros. Tenían que decirles, simplemente, que fueran a la zona del laboratorio justo antes del  recreo. Allí encontrarían al monstruo.

Los niños lo hicieron tal y como les habían indicado sus dos compañeros. Al llegar al pasillo del laboratorio vieron al monstruo verde y blanco junto a otros dos monstruitos pequeños, uno rosa y morado y otro   rojo  y  naranja.  Rápidamente los monstruos se  quitaron las  cabezas  del  disfraz  y  gritaron:- “¡Sorpresa!” -  Eran Marcos, Alejandra y Carlos.

Carlos desveló que la nota a la entrada del pasillo del laboratorio era una pista falsa. Trataba de evitar que se acercaran y poder preparar la fiesta sorpresa tranquilamente. Mario, aprovechó para pedirle, muy educadamente, disculpas a Marcos por el espadazo.

Tras comprender todo lo sucedido, comenzamos nuestra gran fiesta. La sala era muy grande y estaba muy bien decorada con adornos de papeles de colores y globos colgados con gomas de pelo de Alejandra. El batido de kiwi estaba riquísimo y todo lo demás también.

Lo pasamos en grande. Lara, Victoria y Patricia hicieron un baile muy animado. Pedro, Javier y Alejandro contaron chistes monstruosos muy divertidos y se inventaron un rap. Pero lo mejor, fue la inolvidable aventura de misterio, vivida durante la preparación de la fiesta sorpresa, con la que acabamos el primer trimestre.

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