Crónica I Bujedo

Con los nervios habituales de estas excursiones, nos fuimos ayer a la cama pensando en el viaje de hoy, los días que íbamos a estar con los compañeros, lejos de papá y mamá, en un Monasterio,… Pero, ¿cómo será Bujedo?
Iniciamos el viaje un poco más tarde de lo previsto, pues gentilmente cedimos la hora de salida a nuestros compañeros de 6º que, aunque iban más cerca, son mayores. A nosotros nos gustará que el próximo curso también los que son más pequeños que nosotros nos cedan la “prioridad”:
El viaje lo hicimos sin incidencias, repartidos en dos grupos, 5ºB en un minibús (el “cuenco” lo llamaba el conductor del autocar) y 5ºA con 5ºC en el autocar grande. Algunas obras en la autovía, una paradita cerca de Quintanapalla (Burgos) para tomar el almuerzo (y demás) y llegamos a Bujedo, no sin antes haber preguntado un montón de veces “¿Cuánto falta?, ¿A qué hora llegamos?”,… en fin, esas cosas que pasan cuando viajamos los niños con los adultos. Eso sí, en el bus nos lo hemos pasado genial. Hemos cantado y reído y, en vez de ver una película, nos han puesto cortos de humor que nos han llevado la mar de entretenidos.
Ya en Bujedo nos hemos encontrado con los monitores. La Coordinadora, Pady, y con ella Beatriz, Rubén, Axel e Isabel. Nos reunieron, explicaron las cinco normas básicas para pasarlo bien y no molestar a nadie y a los dormitorios. Ya sabes: “¿Tenemos que dormir en orden de lista?, ¿Nos podemos poner con quien queramos?,…”
La comida, como la traíamos nosotros, la hicimos al aire libre. Hacía muy bueno, algo de calor, pero había muchas sombras y fuente para refrescarnos. Jugamos al fútbol ¡en campo de hierba!, al voleibol, dimos un paseo por los jardines y, a las cuatro, gimkana por grupos para descubrir rincones curiosos del monasterio.
Tras la gimkana llegó la merienda, bocata de chorizo o jamón y pera, que como estaba fresquita, entraba que daba gusto.
Después hicimos otra actividad con los monitores y a la ducha. ¡Cuidado con el agua caliente, la del grifo rojo, que quema! Fue un momento muy agradable porque había caído una buena tormenta y, tras tanto correr y sudar, nos quedamos como nuevos. Además, nos echamos unas buenas risas en los dormitorios.
A la hora de cenar nos han organizado por grupos con los monitores. Cada vez ayuda un grupo a servir y recoger. Así nos hace sentirnos útiles y serviciales.
De primero un puré de calabaza que estaba buenísimo. Algunos han tripitido, otros lo han comido con muchas ganas y, cuando se han enterado que era de calabaza han dicho: “Fíjate, yo pensaba que la calabaza no me iba a gustar y he repetido”.
Hemos rematado con unos San Jacobos de jamón y queso y melocotón en almíbar. Lavado de dientes y al salón a hacer el último juego del día. Hemos echado de menos a nuestros papis y mamis. Que lo sepáis.
Mañana más.

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