Día de la Paz

Con el objetivo de tomar conciencia de los países del mundo donde la población no puede vivir en paz por haber conflictos bélicos o armados, todos los alumnos y profesores tuvieron un gesto en el polideportivo, construyendo un muro que representa cada uno de los conflictos dando una breve explicación del mismo.

Los alumnos de Infantil fueron los encargados de derribar ese muro, representando con este gesto el deseo de que se establezca la paz mundial.

Ver galería de imágenes.

Manifiesto leído:

Guerra, Sangre, dolor, lágrimas, muerte, Lena, nostalgia, huida, perdida.

Esas son las palabras que chillan el pasado y el presente.

Paz. Paz. Paz. Paz como necesidad, paz como nuestra responsabilidad, paz como la meta a la que hemos de lograr llegar. No es una opción no hacerlo, no tenemos el derecho a fallar.

Nosotros, los que nos sentamos en estas gradas y los que nos dan clase. Nosotros, ciudadanos de los países, nosotros, poseedores del

más grande de los poderes, el de hablar con voz propia.

Nosotros, los que hemos de clamar en el desierto hasta que las arenas de un pasado cruento y lleno de sangre derramada, de guerras fútiles gestadas, celebradas y clausuradas en despachos pero batidas en el campo de batalla, allí donde los soldados de plomo caían uno a uno sin saber en ocasiones ni si la bandera que ondeaba sobre sus cabezas era en verdad la suya propia o una imposición ajena, hasta que esas arenas se colmasen del peso de las aguas de nuestra furia imbatida, del diluvio de agua que desea devolver la pureza a todo. De agua para hacer fértil el suelo y que nazcan en él nuevos brotes.

Nosotros, españoles, hijos de la tierra cainita por excelencia, acreedores de las deudas contraídas cuando surcamos cunetas y cicatrices en esta curtida piel de toro. Nosotros, por cuya sangre corre aquella de miles de guerras, que bebemos de esta tierra, encrucijada del mundo durante siglos, nosotros mejor que nadie hemos de entender lo que significa la paz.

La paz no como ausencia de la guerra, sino como unión entre prójimos. La paz como pacto entre los hombres, como acuerdo no tácito sino expreso, como promesa para construir entre todos un futuro en el que las balas se fundan y con ellas se erijan los cimientos de una sociedad nueva, en la que desterremos de una vez por todas el odio, el dolor, la guerra inútil, el dolor vacío.

No seamos vanos, no seamos necios o ingenuos. La guerra no se libra en defensa de los altos ideales, no se libra por razones sacadas de cuentos de hadas y caballeros de brillante armadura. La guerra es inherente al ser humano desde hace milenios, como forma brillante de expresión de nuestra ambición, de nuestra capacidad de tortura desmedida. Se hace la guerra por dinero, por tierra, por el color de la piel. Se hace la guerra porque somos incapaces de ver más allá de una raza o una lengua, una cultura, una religión.

Hacemos la guerra en las clases porque pensamos distinto, para humillar al diferente, para sentirnos poderosos desde nuestra situación de gallitos. Hacemos la guerra con las palabras y los mensajes, con las miradas y las espaldas. Hacemos la guerra porque es lo que hemos visto hacer en el mundo de ahí fuera.

Pero hay esperanza si nuestros más pequeños aprenden que la paz no es que no haya conflicto, sino el tender la mano al otro y tomarla sin miedo, si entienden que la paz es el abrazo entre un israelí y un palestino, entre un chii y un suní. El día que Corea sea una sola y las naciones de todo el mundo no vuelvan a temer por una bomba nuclear estallando en su ventana. Si nuestros pequeños crecen rodeados no de pacifistas, sino de guerrilleros por la paz.  Hay esperanza si la palabra que más repetimos en las reflexiones de la mañana es paz. Hemos de tener esperanza si logramos que este día se extienda a todo el mundo y que sea una fiesta verdaderamente internacional.

Pero para ello, hay que clamar en el desierto. Hay que demostrar que no somos meros espectadores del juego de ajedrez, si hacemos temblar las sillas de los que la declaran con pulso firme, si no nos falla la voz cuando digamos basta frente a las injusticias. Si hacemos que teman cuando se dispongan a pulsar el botón, cuando un presidente estúpido inicie una guerra en nombre de la paz buscando simplemente desestabilizar una zona para su propio beneficio. Si somos el enemigo más acérrimo de aquellos que desean seguir jugando con nosotros.

El hombre que clamó en el desierto llamó a un reino en el que daba cabida a todos, indiferentemente de su raza, de su lengua o de su origen, ni siquiera de su hoy. Tan solo le importaba su mañana, su corazón y su capacidad de amar.

Respondamos a su llamada, hagamos la guerra a la guerra. Paz paz paz. Esa es la palabra que clama el futuro.

About the Author