Roma Express, día 1

Roma nos esperaba. Vernos todos juntos, preparados para embarcarnos en este increíble viaje y, pese al cansancio de haber madrugado, todos esperábamos ansiosos comenzar aquella aventura. Después de varias horas de trayecto en bus y en avión, pisamos “La Ciudad Eterna”

Estábamos cansados, deseando meternos en la cama, y aún así encontramos fuerzas para comenzar. Nuestra primera parada fue el Coliseo, una imponente obra de ingeniería y arquitectura de 2000 años de antigüedad que descubrimos gracias a nuestra guía. Ese monumento se alzaba ante nosotros, sus columnas, sus arcos, su amplitud, era magnífico el poder contemplar cómo aquella obra, aquel anfiteatro romano había perdurado, en su mayor parte, para que personas como nosotras seamos partícipes de su grandeza.

Un poco cansados y fatigados por el calor, fuimos a comer, pese al poco tiempo que disponíamos pudimos tomar nuestra primera comida en Roma.

La siguiente parada fue la iglesia de Santa María de la Victoria. Dentro pudimos observar la maravillosa obra de arte del creador Bernini, el “Éxtasis de Santa Teresa”, la cual nos explicaron nuestros compañeros de arte. Había tanta perfección y delicadeza en una misma escultura que era casi imposible no contemplarla durante bastante tiempo. Y es que ninguna foto, por muy nítida que sea, podrá equivaler a tal maravilla, a su capacidad de evocación, al tacto que el mármol transmitía.

Pues sí, eso era solo el principio de lo que iba a ser un día completamente increíble. Solo acabábamos de empezar.

Nuestro siguiente destino fue la Galería Borghese. Nadie se esperaba lo que aguardaba dentro, ya solo la primera sala donde comenzamos nuestra visita, guiada, por grupos, por nuestros magníficos profesores, era tan fascinante como fabulosa, llena de cuadros, esculturas y paredes, suelos y techos cuidados al mínimo detalle, con colores en perfecta armonía y un esplendor casi insólito. Durante el recorrido pudimos contemplar obras grandiosas como “Apolo y Dafne” y “El Rapto de Proserpina”, ambas de Bernini, además de pinturas de Rafael, Tiziano y Caravaggio, entre otros muchos.

Una vez terminada la visita, y debido al cansancio decidimos volver al hotel para descansar después de aquel ajetreado día, lleno de arte por todas partes.

Y después de ese largo día, de andar y de andar por las empedradas calles de Roma, después de disfrutar del calor de su ambiente, de su arte y su esplendor, llegamos al hotel con ganas de descansar y revivir en la memoria aquel día tan intenso y lleno de emociones que Roma nos había regalado, Roma, La ciudad eterna. Pero eso era solo el principio de nuestro viaje, un viaje para no olvidar.

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